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El aborto en la historia

Antes de que se legislara el aborto en el mundo, el uso plantas tóxicas y incluso químicos para la limpieza del hogar solían ser utilizados para “restaurar la menstruación”.

Ya fuera a través de recetas de infusiones botánicas, de esponjas o de falsas listas de compras, a lo largo de la historia las mujeres fueron utilizando distintas formas de terminar un embarazo. Los remedios naturales para provocar “la vuelta de la menstruación”, como solían referirse al aborto en el pasado, han sido comunes desde el inicio de la humanidad. 

En el siglo VII, tanto los griegos como los romanos consiguieron extinguir en menos de 100 años una planta milagrosa denominada Silfio que, entre sus muchas propiedades médicas, se daba con vino a las mujeres para provocar “hemorragias vaginales”. Plantas como el eléboro negro, altamente tóxico, u hongos como el cornezuelo, también conocido como «polvo para parturientas» eran algunos de los remedios que se describían como eficaces a la hora de provocar un aborto.

En el libro The Instructor, escrito por Ben Franklin en 1748, hay referencias claves en esta materia.“Para este infortunio (embarazo), debe purgar con Frailecillo de Cuba una semana antes de que espere el retraso y repetir lo mismo dos días después. A la mañana siguiente, beba un cuarto de menta poleo con doce gotas de licor amoniacal y otra cantidad igual por la noche cuando se vaya a la cama. Continúe esto nueve días seguidos, descanse tres y continúe el proceso nueve días más”. 

Según los libros de historia, dicha publicación era una guía general destinada a las colonias estadounidenses, que incluían entre sus enseñanzas desde matemáticas y normas para la escritura hasta protocolos con todos y cada uno de los pasos necesarios para abortar en el hogar.

En otra obra titulada Young Man’s Companion, se incluían recetas para “provocar el período” que recomendaba mezclar planta de cenizo (conocida por sus propiedades laxantes y ligeramente sedantes) con “unos tragos de vino blanco bajo la luna llena”. En 1794, Carl Linnaeus, considerado padre de la botánica, incluyó cinco hierbas abortivas en su Materia Médica.

En los siglos XIX y XX, otros elementos se incorporaron para ayudar a quienes buscaban abortar. Utilizando los conocimientos que tenían sobre química, mujeres del mundo de la ciencia hablaban del impacto que los productos para la limpieza tenían en la interrupción del embarazo. En esos tiempos, se utilizaban una serie de eufemismos, como “restaurar la menstruación”, a los que se añadían aquellos que prometían “limpiar el útero” o “liberar el bloqueo”.

Todo esto da cuenta de lo peligroso que ha sido y es para el cuerpo de la mujer no contar con la atención médica adecuada. A lo largo de la historia, la falta de legislación y de asistencia profesional sanitaria han provocado situaciones de máximo riesgo para la salud femenina. 

Estados Unidos es uno de los casi 60 países que brindan acceso legal a abortos seguros. Según el informe “Miradas globales sobre el aborto en 2021”, en el cual se encuestó a más de 20 mil personas adultas de 27 países mediante la plataforma en línea Global Advisor, un 73% de los chilenos está a favor del aborto en general.

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