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El legado de la Ingeniera Civil chilena Justicia Acuña

Decidida a marcar un precedente, se tituló de ingeniera venciendo todos los obstáculos de un mundo pensado sólo para hombres. Hoy no sólo un importante premio lleva su nombre, también la torre central de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Chile fue bautizada con su honor.

El mundo de la ingeniería en Chile y también el resto del mundo ha sido históricamente reservado para los hombres. Pero eso nunca detuvo a Justicia Espada, quien ni siquiera encontró baños femeninos en sus años de estudio en la Universidad de Chile. 

Nació en Santiago, en 1893, hija de Mercedes Mena y del ingeniero José Acuña, un hombre adelantado a su época que promovió siempre la idea de que sus hijas debían valerse por sí mismas, a pesar de las diferencias de género. 

Justicia estudió en el Liceo de Aplicación y luego, haciéndose valer por el Decreto Amunátegui de 1877 que admitía a las mujeres estudiar en las universidades del Estado, entró a Pedagogía en Matemáticas. Sin embargo, al poco tiempo se aburrió y decidió cambiarse Ingeniería Civil, donde tuvo de compañero a Jorge Alessandri, quien años más tarde se convertiría en Presidente de la República.

Su ingreso no pasó inadvertido, ya que era la única mujer de entre todos los estudiantes de la facultad. Así, en mayo de ese año, su centro de estudiantes le dio la bienvenida con el siguiente mensaje, publicado en la revista Enerjía: “Llegó un momento en que una mujer, haciendo caso omiso a los prejuicios y añejeces y no llevando más armas que su cerebro y su carácter indomable, decidió estudiar ingeniería; se presentó a bachillerato, siendo ahí distinguida y continúa ahora como alumna de la Escuela, haciendo así que el año 1913 haga época en la historia de la enseñanza de la mujer en Chile”.

En 1919, se graduó sin haber reprobado un solo ramo y se convirtió en la primera mujer de Sudamérica en convertirse en ingeniero. Un año después entró como calculista de puentes a la Empresa de los Ferrocarriles del Estado y allí ejerció durante toda su vida laboral. Algunas de sus obras más importantes fueron los refuerzos metálicos (para soportar máquinas extranjeras más pesadas) del Viaducto del Malleco y también del puente ferroviario del Tinguiririca. Entre medio se casó con Alfredo Gajardo, compañero suyo de universidad y con quien tuvo siete hijos, todos hombres. 

Honrando su trayectoria y su esfuerzo por la liberación femenina, el Colegio de Ingenieros de Chile inauguró en julio de 1980, el mismo año de su fallecimiento, la “Galería de los Ingenieros Ilustres”, en la que fue incluida. Casi una década después, el Instituto de Ingenieros de Chile instituyó el premio Justica Acuña Mena, que se otorga “cada dos años a una mujer ingeniero destacada en el ejercicio de su profesión”.

El año 2018 la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile rebautizó su torre central en honor a Justicia Acuña no sólo para conmemorar su legado sino también para enviar un mensaje a las nuevas generaciones de mujeres que sueñan con estudiar carreras, tradicionalmente vinculadas al universo masculino.

El año pasado el Archivo Central Andrés Bello ganó el Fondo Iberoamericano de ADAI, con un proyecto que busca digitalizar el archivo Justicia Acuña. Según Carolina Torres, a cargo de la iniciativa, «los materiales van desde 1888 a 2018, lo que es notable porque habla de una familia que pensó en resguardar y aumentar este acervo conservando, por ejemplo, notas de prensa, cuadernos de colegio, planos dibujados a mano y hasta un diploma de sus estudios de violín, en otros documentos».

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