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Graciela Mandujano: Una luchadora invisibilizada

Defensora de los derechos sociales, políticos y económicos de la mujer, fue una de las impulsoras del voto femenino en Chile y dedicó  su vida a combatir la opresión. Aunque no tuvo la notoriedad de Elena Caffarena o Aurora Argomedo, su papel fue clave para conseguir los avances que hoy se celebran.

Graciela Mandujano (1902-1984) fue una de las impulsoras del voto femenino que en los años veinte y difundió los ideales de la emancipación política, cultural y social de la fuerza femenina. Junto a Elena Caffarena y Marta Vergara, conformó el núcleo que lideró el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile, más conocido como MEMCH, cuya principal consigna era: «¡Por la defensa de la mujer y en contra de todos sus flagelos!”.

Estudió en la Universidad de Columbia y luego vivió en Nueva York, donde fue la editora de Pan American Magazine. A su regreso a Chile, fundó el Partido Cívico Femenino, la primera organización feminista de Chile. El mismo año , impulsó la creación de la Revista Acción Femenina, la que tuvo como principal misión promover los ideales de emancipación política, cultural y social de la mujer. 

La lucha que inspiró al MEMCH involucró aspectos más amplios de emancipación, como la necesidad de ampliar los derechos de las mujeres, discutir el régimen de separación de bienes en el matrimonio, la diferencia entre hijos legítimos e ilegítimos o el divorcio, que recién en 2004 se incorporó como ley.

En representación del MEMCH asistió a la VIII Conferencia Panamericana de Lima, en el Comité Interamericano de Mujeres, donde se discutió sobre los derechos de las mujeres en América. Ahí, creó vínculos con distintas organizaciones feministas de todo el mundo. Más tarde, en 1944, organizó el Primer Congreso Nacional de Mujeres en Santiago, donde se creó la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (FECHIF), de la que fue secretaria de Asuntos Internacionales. 

A través de ese activismo, se impulsaron importantes iniciativas que abrieron el camino para importantes cambios sociales, como la obtención del derecho a voto para ellas, en el año 1949. Su pluma desenfadada y un temperamento aguerrido se convirtieron en su marca registrada.

Lamentablemente, sus aportes no tuvieron la visibilidad de Elena Caffarena, Olga Poblete o Eulogia Román, pero en los últimos años su nombre cobró relevancia. Desde la organización Prensa de Mujeres Chilenas lanzaron un proyecto financiado por el Fondecyt, en el que invitan a investigadoras/es y tesistas a rastrear a Graciela Mandujano, para hacer justicia con su legado, considerado fundamental no sólo para el desarrollo de la prensa del siglo pasado sino también para los inicios del feminismo en Chile.

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