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MATILDE BURGOS: “Nos hace falta más sentido del humor»

Cuál es el principal rasgo de tu carácter?
La perseverancia, no me rindo fácilmente.

¿Qué cualidad aprecias más en una mujer?La fortaleza, esa capacidad que está al límite del heroísmo cuando se pone a prueba. Lo he visto en situaciones distintas, pero siempre límites. Hace tiempo quedó claro que lo del sexo débil es un anacronismo y una caricatura.

¿Tu principal defecto y tu principal virtud?
Tengo poca paciencia, me carga perder tiempo, tanto que a veces prefiero hacer las cosas yo, antes de tener que esperar. Soy bien desprejuiciada, no juzgo a nadie, y eso me ha ayudado mucho en mi profesión.

¿Qué libro te marcó?
La Casa de Los Espíritus. Lo leí a los 12 años, a mediados de los ‘80 y quedé bien marcada por la realidad política que me mostró e impulsó a interesarme mucho en lo que pasaba en Chile en esos años. Me fascinó además ese mundo de mujeres cómplices, fuertes y protagonistas de sus vidas. Alba Trueba era máxima.

¿Cuál es tu heroína de ficción?
Cualquiera que tenga superpoderes, el que sea, para poder hacer rendir el tiempo. Tengo un Funko Pop de la Mujer Maravilla en mi velador para inspirarme.

¿Qué viaje es el que más recuerdas?
Un viaje que hicimos con mi abuelo materno a Italia. Fuimos siempre bien yunta, y ese viaje lo hicimos cuando él tenía 84 años, así que ya se habían dado vuelta los roles y era yo la encargada. Lo gozamos, recorrimos Roma, Florencia y Venecia; fue un viaje maravilloso que hicimos justo 3 años antes de que él muriera.

¿Qué hábito ajeno no soportas?
Andar por la vida sin saludar a nadie y menospreciar a los que por alguna razón sientes que están en una posición distinta a la tuya.

¿Qué es lo que más detestas?
La prepotencia.

¿Qué trabajas para sentirte mejor contigo misma?
En eliminar cualquier tipo de culpabilidad, una carga que nos impusieron desde chicas, que no sirve para nada y que sólo quita libertad.

¿Cuál es el estado más común de tu ánimo?
El optimismo.

¿Qué defectos te inspiran mayor tolerancia?
Cualquiera mientras seamos capaces de reconocerlos.

¿Tienes alguna máxima que te mueva?
No hacer a nadie lo que no quieres que te hagan.

¿Cómo te ves en 10 años más?
Desde bien chica aprendí que es mejor no proyectarse y ser flexible. Hay que estar abierta a lo que la vida te vaya ofreciendo, eso es mucho mejor que avanzar con ideas preconcebidas.

Pese a que me reconozco como una capricornio de tomo y lomo, la pandemia terminó por enseñarme que no hay que planificar más allá del fin de semana.

¿Qué expectativas tienes de una nueva Constitución?
Creo que una constitución escrita en este tiempo, en que aprendimos con el Covid que nadie se salva solo, nos va a llevar a construir un país menos individualista. Creo que nos va a llevar a mirarnos, a reconocernos y ojalá a integrarnos. Más allá de cualquier desorden inicial, de una estructura que no existía, como es la Convención, está poniendo frente a frente a personas que jamás habrían cruzado palabra. Se están dando relaciones bien increíbles entre quienes uno jamás pensó que podían darse (ojalá que eso se conociera más). El fruto de esos encuentros no puede ser más que algo bueno. Supongo y espero que nadie quede 100% conforme porque de eso se trata, de ceder y lograr acuerdos. Nuevamente soy optimista.

¿Qué sueño tienes para el futuro de Chile?
Que construyamos un país que genere oportunidades, que no vaya dejando atrás a nadie, porque hemos visto que eso genera resentimiento y rabia. Un país que potencie el desarrollo de la ciencia, que fomente un modo de producir diverso y sostenible. Que se dé cuenta que no puede avanzar sin dar a la mujer el espacio que merece. Somos el 50% y eso debiera reflejarse en todo, y en ese sentido me alegró mucho ver entrar a niñas al Instituto Nacional este año. Hay que ser menos grave, nos hace falta más sentido del humor

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