Press "Enter" to skip to content

Máxima de Holanda: El camino de una reina inusual

Pocos son lo que todavía creen en las historias de cuentos, pero la de la argentina que se convirtió en reina de los Países Bajos tiene mucho de eso. Hoy, es una de las figuras mejor valoradas de la monarquía europea, donde ha logrado imponer un estilo cercano y moderno que continuamente busca reversionar los protocolos.

«Ha sido un trabajo intenso, y las mujeres han hecho la mayor parte”, dice Máxima de Holanda, después de una jornada de celebración del Día del Voluntariado, en la que ella se ha multiplicado ejercer distintas funciones (bordar, coser, limpiar)  y así demostrar a la ciudadanía la importancia de quienes entregan su tiempo al servicio de una causa. «Holanda no puede prescindir de voluntarios, los necesitamos. Lo vimos el jueves pasado en Harskamp, lugar de recepción de los refugiados que llegan desde Ucrania”, afirma, y quienes la acompañan en la finca Op Aarde, en el municipio de Brielle, sonríen a su alrededor.

En casi dos décadas, la figura de la primera argentina en convertirse en reina pasó de ser irrelevante para la monarquía a un verdadero ejemplo a seguir. Ícono de moda y de un estilo serio que entiende los cambios sociales, la economista es hoy una de las figuras mejor evaluadas de la Casa de Orange. Su espíritu filantrópico estuvo detrás de la iniciativa que puso Het Oude Loo, un castillo del siglo XV a disposición de los refugiados ucranianos. Idea que en cuestión de días replicaron el resto de las casas reales del viejo continente.

Máxima Zorriagueta nació en Buenos Aires en 1971 y vivió siempre en la zona de Barrio Norte. Hija de Maria del Carmen Cerutti, ama de casa y Jorge Zorriagueta, ex ministro de Agricultura del último gobierno militar, es la mayor de cuatro hermanos y la menor de sus tres hermanastras hijas de un matrimonio anterior de su padre. Los problemas con el peso marcaron su niñez que estuvo marcada por agotadoras sesiones de aeróbicos para adelgazar y el calvario de vivir a dieta.

Luego de graduarse en el exclusivo colegio bilingüe Northland School entró a estudiar Economía a la Universidad Católica Argentina, mientras daba clases de inglés y matemáticas a domicilio. Al tiempo, llegó a trabajar en el HSBC y a poco andar se trasladó a New York para ser vicepresidenta del departamento de Ventas Institucionales en América Latina.  

Un año antes de que terminara el siglo XX, ingresó al Deutsche Bank, primero en las oficinas de New York y posteriormente en Bruselas. En eso estaba cuando decidió pasar un fin de semana libre en Sevilla, para encontrarse con una amiga. Fue en esos días, cuando le presentaron al príncipe heredero de los Países Bajos, quien, según reconoció en una entrevista, no le llamó la atención «en lo absoluto». Sin embargo, meses después volvieron a coincidir en New York y ella no dudó en terminar la relación que mantenía con Dieter Zimmerman.

Aunque la Reina Beatriz aprobó la relación de su hijo, le exigió a la novia leer una declaración ante el Parlamento, en la que condenaba el accionar de la administración en la que había participado su padre. Finalmente, el Congreso aprobó el enlace pero prohibió al padre de Máxima asistir a la ceremonia.En pocos meses, aprendió a hablar en holandés con fluidez, aprender la historia de los Países Bajos y le dio una heredera a la corona. 

El 30 de abril de 2013 la princesa de origen latinoamericano se transformó finalmente en Reina consorte, evento festejado con creces tanto en Holanda como en su país natal. En forma paralela, Máxima estableció con los nacimientos de sus tres hijas una línea muy marcada que diferenciaba la esfera privada de la esfera pública y fuera de las actividades oficiales, es una cultora de perfil bajo.

 
«Máxima es una mujer muy inteligente, muy hábil y tiene algo que es muy valorado por la Casa Real: su frescura. Máxima siempre sabe moverse al borde del protocolo, no lo rompe pero le da un plus de sencillez y calidez que los nobles por lo general no tienen», explica, Soledad Ferrari, una de las autoras de «Máxima, una historia real», donde queda establecido el poder que la monarca le asigna a la moda a la hora de comunicarse.

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.