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Responsabilidad afectiva: El término de moda que todas las relaciones deberían aplicar

Actuar en función de la responsabilidad afectiva se ha vuelto el nuevo «deber ser» para relacionarse con otras personas. El término se refiere a ser conscientes del impacto que tienen las acciones propias en el otro y pensar en la pareja antes de decir algo o tomar una decisión.

A pesar de no ser un término nuevo, la responsabilidad afectiva se ha vuelto muy popular en las relaciones de pareja y se ha transformado en una práctica necesaria para alcanzar vínculos sanos y duraderos. La responsabilidad afectiva se usa ampliamente en las relaciones de pareja, sin importar la orientación sexual o si es una relación monógama, abierta, poliamorosa o demás configuraciones posibles. También cuenta para los amigos y la familia, y es ser consciente de que todo acto que una persona realice dentro de una relación tiene una consecuencia positiva o negativa en su pareja.

Fue a partir de la década de los 80’ cuando psicólogas e intelectuales como Deborah Anapol, Dossie Easton o Janet Hardy abordaron la responsabilidad afectiva, donde establecían que es ser capaces de expresar nuestras necesidades y emociones pero siendo respetuosos con las emociones del otro.

“Es importante entender también que el tomar responsabilidad no implica hacernos cargo de las expectativas de otras personas, sino justamente poder conversarlas y establecer límites y acuerdos en conjunto; es no pasar a llevar a alguien, pero sin pasarte a llevarte a ti misma tampoco”, explicó  la psicóloga Constanza Lastra a un diario de circulación nacional.

En este sentido, precisó: “La responsabilidad afectiva es ser claros, respetuosos y empáticos con lo que pueda sentir el otro. Aunque la responsabilidad afectiva no es exclusiva de las relaciones de pareja, en un vínculo amoroso no podemos ser egoístas y pensar sólo en nuestro placer, lo más sano es establecer acuerdos que ambos respeten”.

Existen, en tanto, muchas maneras de ser irresponsables afectivamente. Uno es el ghosting, un término anglosajón que hace referencia a romper una relación utilizando la tecnología como medio para “desaparecer como un fantasma”. Está también el Gaslighting, que ocurre cuando una persona abusadora trata de controlar a su víctima manipulando su sentido de realidad; y luego está el zombieing, que es aquella persona que tras marcharse sin explicación alguna vuelve a aparecer de manera imprevista.

Como sea, si en algo coinciden los expertos en salud mental es que el egoísmo suele ser el denominador común en las relaciones donde no existe la responsabilidad afectiva y para ello existen varias maneras de resolverlo. La comunicación es la base de todo. Hablar de manera directa, con claridad, honestidad y respeto es la mejor solución para prevenir y superar conflictos. Luego se recomienda el establecimiento de acuerdos, una conversación donde se fijen los límites de cada uno y los terrenos más difíciles de abordar para cada uno. También hay que tener en cuenta que las relaciones van a tener complicaciones inevitablemente y que cualquier acción tendrá una consecuencia, por lo que hay que intentar ser empáticos y respetuosos con el otro.

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