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VIVAS NOS QUEREMOS

A través del relato de una víctima de violencia de género, reconstruimos el calvario de denunciar en pandemia y sobrevivir en el intento; un drama que sufren casi 65 mil mujeres en Chile, quienes sostienen que más allá de los discursos políticamente correctos, la desprotección del sistema es brutal.

“Uno nunca piensa que le puede pasar a una”, dice María, con la voz entrecortada, mientras prende un cigarrillo y pide mantener su identidad en el anonimato. “Tengo miedo, es una sensación con la que aprendí a vivir. Siempre te dicen que denuncies porque es el primer paso para la sanación, pero ahora no estoy tan segura de que sea la mejor decisión”, reflexiona. Esta mañana, como muchas otras en el último año, volvió a despertarse con los mensajes de WhatsApp de quien fuera su pareja por casi cuatro años. “Estúpida, tengo los mejores abogados y te voy a contrademandar hasta dejarte en la ruina, hija de …”, lee y se detiene en los garabatos. “Hoy estuvo suave”, afirma, al asegurar que perdió la cuenta de la cantidad de insultos que ha recibido desde esa tarde de enero, en que su madre la llevó hasta una clínica con el rostro desfigurado.

“Una no se da cuenta de cómo va cayendo en una dinámica de violencia y empiezas a ignorar situaciones”, reflexiona. “Nuestros tres primeros años habían sido muy buenos pero el cuarto empezó mal. Aparecieron los celos, las recriminaciones y empezó a revisarme todo, desde la cuenta corriente hasta el celular. El primer episodio ocurrió durante el verano antes de la pandemia, después de una fiesta, en la que bebió demasiado, se obsesionó con que yo estaba coqueteándole a uno de sus amigos. Estaba sentada en un borde de la cama y de repente me dio una bofetada que me hizo volar al otro lado. A los pocos minutos, se acercó a pedirme disculpas, pero yo seguía en shock. Después de eso, vino una suerte de luna de miel que terminó en el primer mes de cuarentena”.

DE LA AGRESIÓN VERBAL A LA FÍSICA

“De la agresión verbal pasó a los empujones y un día mientras estaba en la ducha, entró al baño y me agarró del pelo arrastrándome hasta el dormitorio. Mi error había sido aceptar a un compañero de colegio como amigo en Facebook. Ahí, en el suelo, me pateó hasta el cansancio. La vergüenza que sentí en ese momento no la había sentido jamás. En ese entonces, mi padre estaba recién operado del corazón y no era el momento apropiado para sumar una nueva preocupación a mi familia. Callé, pero cada día era peor que el anterior”, relata.

Ingeniera de 37 años, con una carrera exitosa en el retail, se atrevió a denunciar el día que su madre descubrió lo que estaba pasando. “Ella quiso darme una sorpresa y llegó justo después de que él me había golpeado en el rostro por primera vez. Apenas la vi, me puse a llorar a mares, él, cobarde, se encerró en el dormitorio y no volvió a salir. Agarré mi computador, el teléfono y las llaves de mi auto y me fui”.  

CIFRAS ENGAÑOSAS

Al igual que esta ejecutiva, casi 65 mil mujeres se atrevieron a denunciar el primer año de pandemia, lo que significó una disminución del 9,6 por ciento en relación al año 2019. Esta cifra contrasta con el aumento de un 43,6 por ciento de las llamadas de auxilio recibidas en los fono ayuda. Los datos recogidos por el Instituto Milenio para el Estudio de Imperfecciones del Mercado y Políticas Públicas hablan de que los índices de violencia contra la mujer se dispararon en los meses de mayor restricción de desplazamiento. Sólo en mayo del 2020, se registró un 314 por ciento más de llamadas al Fono 149 de Carabineros que en el mismo mes del año anterior.

De acuerdo a las cifras que maneja ONU, menos del 40 por ciento de las mujeres en el mundo, se atreven a buscar ayuda. En la mayoría de los países donde existen datos disponibles se constata que el apoyo se busca fundamentalmente entre familiares y amistades. Con esto, coincide la ministra de la Mujer, Mónica Zalaquett, quien es enfática en asegurar que la cifras no están ni cerca de representar la magnitud del problema. 

“Se calcula que sólo se registran un 25 por ciento de denuncias por este tipo de hechos. No podemos seguir pensando que este es un problema entre privados, la violencia contra la mujer tiene un impacto público. Cuando una mujer no busca ayuda en el sistema es imposible poder acudir de forma preventiva, y frente a esto necesitamos el compromiso de todas y todos”, sostiene, la Secretaria de Estado que admite las falencias del sistema y la urgencia de reforzar las tareas de prevención.

Desde que denunció, María vivió en carne propia lo que tantas veces vio en la televisión. “Cuando llegaron las medidas de alejamiento tuve que ir en varias ocasiones a la comisaría para solicitar el cumplimiento, y en más de una oportunidad tuve que escuchar respuestas tales como ‘no hay personal suficiente’, ‘hacemos lo que podemos’ o ‘por qué no se cambia de casa’. En este ámbito, pareciera que la solución es huir o quedarse encerrada en casa, en tanto que los agresores pueden seguir haciendo su vida en total impunidad. Siento que el verdadero calvario empezó cuando seguí el consejo de mi familia y denuncié. Ahí, me vi enfrentada a una desprotección brutal y me di cuenta que el sistema está lleno de fallas que favorecen al agresor. Además, los tribunales de justicia, con todo lo ocurrido en estos últimos 20 meses, se encuentran completamente colapsados. Ahora, estoy a la espera de una nueva audiencia que ha sido postergada cuatro veces”.

DATOS CLAVES

A escala mundial, incluso antes de que comenzara la pandemia de Covid-19, una de cada 3 mujeres sufría violencia física o sexual, en su mayoría, por parte de su pareja. 

Desde que se desató la emergencia sanitaria, los cifras hablan de que las llamadas a las líneas de atención telefónica se dispararon.

El acoso sexual y otras formas de violencia contra las mujeres siguen acaeciendo en la vía pública, en los espacios públicos y en Internet.

Las sobrevivientes no disponen de la información necesaria y desconocen los medios a los que pueden acudir para recibir servicios de apoyo.

Fuente ONU

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